Resumo (abstract):
The adoption of unsustainable economic development processes has contributed to a global crisis, in which the planet\'s biophysical limits have been exceeded, with several implications for natural systems, biodiversity and human health. This crisis further limits the access of a huge portion of the Brazilian and Latin American population, historically vulnerable, to basic citizen rights, such as the right to land and food, generating what can be considered a “crisis of crises”. This opinion article starts acknowledging significant setbacks in several public policies, in Brazil and Latin America, especially those aimed at reducing inequalities and promoting citizenship. It presents evidence that overcoming the “crisis of crises”, discussed throughout the text, needs to consider the adoption of food production, distribution and consumption models that are, at the same time, sustainable, sovereign and inclusive. It concludes with the idea that agroecology has immense potential to promote, in different parts of the country and Latin America, an economy that is regenerative,an ecological point of view, and distributive,a social point of view.
Palavras-chave (keywords):
Agroecology; Climate Change; Food and Nutrition Security; Latin America.
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Conteúdo (article):
LA OPORTUNIDAD DE PENSAR Y PROMOVER LA AGROECOLOGÍA COMO ESTRATEGIA PARA ENFRENTAR LAS CRISIS ALIMENTARIA Y CLIMÁTICA
THE OPPORTUNITY TO UNDERSTAND AND PROMOTE AGROECOLOGY AS A STRATEGY TO TACKLE FOOD AND CLIMATE CRISES
Paulo Petersen – Coordinador ejecutivo, Asesoría y Servicios a Proyectos en Agricultura Alternativa (AS-PTA). ORCID: 0000-0002-9934-3059.
Juliana Casemiro - Profesora Asociada, Instituto de Nutrición de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (INU/UERJ). ORCID: 0000-0001-6940-2479.
Ana Laura Brandão – Investigadora, Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca, Fundación Oswaldo Cruz (Ensp/Fiocruz). ORCID: 0000-0002-7148-2268.
Marco Antônio Carneiro Menezes – Director, Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca, Fundación Oswaldo Cruz (Ensp/Fiocruz). ORCID: 0009-0003-0330-9425.
Frederico Peres – Investigador Sénior, Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca, Fundación Oswaldo Cruz (Ensp/Fiocruz). ORCID: 0000-0003-2715-6622.
Autor correspondiente: Frederico Peres – Investigador Sénior, Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca, Fundación Oswaldo Cruz (Ensp/Fiocruz). ORCID: 0000-0003-2715-6622. e-mail: frederico.peres@fiocruz.br
RESUMEN
La adopción de procesos de desarrollo económico insostenibles ha contribuido a la conformación de una crisis global, donde los límites biofísicos del planeta han sido sobrepasados, con diversas implicaciones para los sistemas naturales, la biodiversidad y la salud humana. Crisis que limita, aún más, el acceso de una inmensa parcela de la población brasileña y latinoamericana, históricamente vulnerable, a los derechos ciudadanos básicos, como el derecho a la tierra y al alimento, generando lo que se puede considerar una “crisis de crisis”. El presente artículo de opinión parte de la premisa de que existen retrocesos significativos en diversas políticas públicas, en Brasil y en América Latina, especialmente aquellas dedicadas a la reducción de las desigualdades y la promoción de la ciudadanía. Presenta evidencia de que la superación de la “crisis de crisis”, discutida a lo largo del texto, necesita considerar la adopción de modelos de producción, distribución y consumo de alimentos que sean, al mismo tiempo, sostenibles, soberanos e inclusivos. Concluye con la idea de que la agroecología posee un inmenso potencial para promover, en las diferentes regiones del país y de América Latina, una economía que sea regenerativa, desde el punto de vista ecológico, y distributiva, desde el punto de vista social.
Palabras clave: Agroecología; Alteraciones Climáticas; Seguridad Alimentaria y Nutricional; América Latina.
ABSTRACT
The adoption of unsustainable economic development processes has contributed to a global crisis, in which the planet\'s biophysical limits have been exceeded, with several implications for natural systems, biodiversity and human health. This crisis further limits the access of a huge portion of the Brazilian and Latin American population, historically vulnerable, to basic citizen rights, such as the right to land and food, generating what can be considered a “crisis of crises”. This opinion article starts acknowledging significant setbacks in several public policies, in Brazil and Latin America, especially those aimed at reducing inequalities and promoting citizenship. It presents evidence that overcoming the “crisis of crises”, discussed throughout the text, needs to consider the adoption of food production, distribution and consumption models that are, at the same time, sustainable, sovereign and inclusive. It concludes with the idea that agroecology has immense potential to promote, in different parts of the country and Latin America, an economy that is regenerative, from an ecological point of view, and distributive, from a social point of view.
Keywords: Agroecology; Climate Change; Food and Nutrition Security; Latin America.
Introducción
Comprender la crisis alimentaria, en el contexto actual, exige la consideración de su carácter complejo, multidimensional e intersectorial, donde los intereses públicos y privados se superponen y producen, como resultado, el deterioro de la salud, individual y colectivamente, la pérdida de la calidad de vida y la violación de los derechos humanos básicos1. Bajo esa perspectiva, es posible evidenciar los procesos de determinación socioambiental de la inseguridad alimentaria, alrededor del planeta, donde cada componente contribuye al agravamiento del otro, retroalimentando un sistema complejo que se expresa a partir de la degradación ambiental, la limitación del acceso a la tierra, el debilitamiento de la soberanía alimentaria, los impactos sobre las actividades agrícolas más tradicionales, la inseguridad alimentaria y nutricional y la degradación de las condiciones de vida y trabajo2,3.
Como resultado, se generan crisis sanitarias y sociales de grandes dimensiones, comprometiendo la salud de las poblaciones del campo, determinando migraciones forzadas y vulnerando todavía más a los individuos y grupos que han sido históricamente apartados de los beneficios provenientes de los proyectos de desarrollo económico en el campo4. Dichas crisis ocurren en territorios históricamente fragilizados y así, cada vez más, sufren con los impactos de los cambios en el clima y en los sistemas ambientales3.
La adopción de procesos insostenibles de desarrollo económico, en diferentes partes del planeta, contribuye a la conformación de una crisis climática, donde los límites biofísicos del planeta ya han sido alcanzados o, incluso, sobrepasados, con posibles implicaciones irreversibles para los sistemas naturales y la biodiversidad, comprometiendo la vida en sus diferentes formas, globalmente5. Tales procesos también comprometen el desarrollo humano, en su más amplia acepción, limitando el acceso de una inmensa parte de la población mundial a los derechos ciudadanos más básicos y, en consecuencia, produciendo desigualdades, individuales y colectivas6. Así, justamente en ese espacio de producción y reproducción de desigualdades se circunscriben las crisis alimentaria y climática vividas en Brasil y en otros países de América Latina4,7.
La agroecología es un amplio conjunto de conocimientos y prácticas que determina procesos justos, equilibrados y sostenibles de producción, comercialización y consumo de alimentos, que respeta los procesos históricos de desarrollo de los pueblos y promueve la igualdad entre los individuos8,9. Involucra procesos de transformación de la naturaleza, por medio del trabajo, de forma ecológicamente equilibrada y sostenible desde el punto de vista socioambiental9,10. Por su inclinación a la sostenibilidad y su capacidad de promover espacios de enfrentamiento a las desigualdades socioambientales, determinadas por diferentes procesos de desarrollo económico, la agroecología ha sido señalada, por diferentes autores, como una estrategia para fomentar, de forma integrada, el enfrentamiento a las crisis alimentaria y climática, en Brasil y en diversas partes del planeta8,9,10.
El presente artículo nos llama a reflexionar sobre la agroecología como estrategia para el enfrentamiento a las crisis alimentaria y climática, en Brasil y en América Latina.
Algunos antecedentes de las crisis alimentaria y climática, en Brasil y América Latina
Con el inicio del proceso de redemocratización del país, a mediados de los años 1980 y, especialmente, a partir de los primeros años de la década de 1990, se evidencia, en la política económica brasileña y en otros países de América Latina, también provenientes de gobiernos autoritarios, una migración gradual hacia los proyectos desarrollistas de orientación neoliberal11,12. Bajo el arquetipo neoliberal, los primeros gobiernos brasileños posteriores a la democratización pasaron a limitar las inversiones estatales en la industria nacional, lo que condujo a un proceso de desindustrialización que perdura hasta la actualidad13,14. Al mismo tiempo, comenzaron a ofrecer subsidios crecientes y sustanciales a determinadas cadenas de producción agropecuaria, principalmente aquellas dedicadas a la exportación de materia prima agrícolas como la soja, el maíz, el algodón, además de las exportaciones de carne porcina, bovina y aviar11,12.
Esta inflexión histórica marca el inicio de un proceso de reprimarización de la economía nacional, lo que ha llevado a Brasil a posicionarse, desde hace más de tres décadas, como uno de los mayores exportadores mundiales de materia prima agrícola (en particular, de granos)15. Se trata de un proyecto de desarrollo que dejó a la economía de Brasil susceptible a las fluctuaciones internacionales de los precios de esos productos, ya sea por su peso en la composición del Producto Interno Bruto nacional, o por el hecho de que solo un producto (la soja) representa el 25% de todas las exportaciones del país16, en un contexto en que el agronegocio es responsable de casi la mitad de las exportaciones nacionales17.
Asimismo, este proceso terminó contribuyendo a la profundización de las desigualdades históricas, ya que las grandes cadenas exportadoras de monoculturas se sostienen debido al uso de grandes extensiones de tierra, marcadas por la gran concentración económica y política en manos de corporaciones transnacionales, cada vez más en las manos de menos personas, y en la intensa mecanización y uso de insumos químicos que, además de forzar el éxodo de poblaciones del campo a las periferias de las grandes ciudades, contribuyen a la degradación y contaminación de los biomas y ecosistemas nacionales4. Estas son situaciones-problemas que, en las últimas décadas, se han agravado en frecuencia e intensidad debido a los cambios en el clima causados por la intervención insostenible de los seres humanos sobre el ambiente4,5,7.
La agroecología como estrategia para enfrentar las crisis alimentaria y climática
Uno de los principales desafíos que surge en el marco de las estrategias de afrontamiento de las crisis alimentaria y climática, en el país, es la necesidad de garantizar espacios y proyectos de desarrollo seguros y justos, tanto para individuos como para grupos de la población, en todo el territorio nacional, y que no comprometan la diversidad y los sistemas naturales de Brasil3,4,8. Una perspectiva que promueva, en las diferentes regiones del país, una economía que sea regenerativa, desde el punto de vista ecológico, y distributiva, desde el punto de vista social. Una economía que no esté ni encima del techo ecológico ni debajo del fundamento social5,18.
La agroecología, entendida como un paradigma y una política de Estado, en nuestro país2,10, adquiere, en ese contexto, un papel central en la discusión sobre la transición desde un modelo de desarrollo agrario basado en la economía del agronegocio hacia una lógica diversificada, multifuncional y sostenible de producción, orientada por el concepto de la soberanía alimentaria y por la necesidad del enfrentamiento de la “crisis de crisis”, nacional y regionalmente.
Antes que nada, es necesario resaltar que la agroecología no puede ser comprendida como un modelo que se adopta para sustituir el agronegocio, ya que ambos operan en escalas y poseen propósitos bastante diferentes. La alternativa agroecológica toma en cuenta los costos socioambientales y sanitarios relacionados con los impactos del agronegocio en los distintos biomas y territorios de Brasil, donde determina el aumento de la concentración de tierras e ingresos, y el agravamiento de las desigualdades ya existentes, cuyos impactos desproporcionados se sienten en las áreas y grupos de la población más vulnerables. Contabiliza los costos para el sector público provenientes de los impactos y de los incentivos al agronegocio, relativizando las ventajas económicas del agronegocio. De esta manera, la agroecología se contrapone al modelo agrícola hegemónico, buscando promover prácticas agrícolas justas, sostenibles desde el punto de vista socioambiental, y capaces de promover la recuperación del patrimonio alimentario a nivel nacional y regional.
Por lo tanto, la agroecología necesita ser comprendida como alternativa al actual modelo de desarrollo económico, adoptado por el país y por otros países latinoamericanos, a partir de tres dominios, indisociables e interconectados: primero, como una práctica social, ya que está viva y se produce de forma histórica y cultural, alrededor del planeta, por medio de prácticas campesinas, expresadas por la relación tradicional del individuo con la tierra, lo cual promueve la recuperación del patrimonio alimentario nacional y contribuye a la garantía de la soberanía alimentaria; segundo, como una ciencia, ya que engloba conocimientos y prácticas construidas y perfeccionadas a lo largo de las generaciones con métodos y tecnologías que garantizan la sostenibilidad del uso de recursos naturales en los diferentes procesos productivos. Dichos métodos han sido mejorados a partir del avance y el estímulo del desarrollo tecnológico y científico en el marco de programas y políticas de promoción de la agroecología en el país; y por último, como un movimiento sociopolítico, capaz de conjugar diferentes pautas y luchas en torno a proyectos de desarrollo agrario más justos y sostenibles, construido a partir de alianzas entre el poder público, la academia, los actores de la práctica y las representaciones de la sociedad civil2,9,19.
Según Schmitt et al.19, uno de los procesos más importantes derivado de la intensa articulación social en torno a proyectos centrados en la agroecología fue la posibilidad de subsidiar la construcción de políticas públicas, en Brasil y en otros países de América Latina, a partir de la organización de una amplia red de actores clave, que incluye movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas e instancias gubernamentales. Un movimiento que tiene su origen en la articulación de proyectos de educación popular y organización social en el campo junto con el trabajo de acción pastoral (especialmente la Pastoral da Terra) y de organización sindical. Esto dio lugar a un “movimiento de movimientos” en torno a la cuestión agraria. Movimiento que, desde los años sesenta, ha establecido una corriente contrahegemónica en relación con los proyectos de desarrollo agrario impulsados por el gobierno brasileño, que privilegia la expansión de la frontera agrícola y la intensificación de la productividad8,10,11,19.
A partir de esta organización, que se intensificó en la segunda mitad de la década de los ochenta y se fortaleció desde inicios de los años 2000, se registra en Brasil y en diversos países latinoamericanos el desarrollo de políticas de estímulo a la agroecología8,10. Estas políticas buscan, en sus respectivos países, afrontar la hegemonía y el peso desproporcionado del agronegocio sobre las economías regionales, las cuales sufren una fuerte reprimarización debido a la lógica neoliberal que predomina en la región11,15.
Un marco en el contexto de las políticas regionales para la promoción de la agroecología fue la promulgación de la Política Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (PNAPO) en Brasil en 2012, con el objetivo de articular programas y acciones que indujeran la transición agroecológica y el estímulo a la producción orgánica y así, poder contribuir al uso sostenible de recursos naturales y a la oferta de alimentos más saludables para la población. La PNAPO, reconocida por su carácter inédito y premiada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) en 2018, estableció un modelo de gestión compartida y paritaria entre el gobierno y la sociedad civil, en el ámbito de la Comisión Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (CNAPO), principal espacio de participación y control social de la política. También innovó mediante la articulación de diferentes sectores del gobierno en la gestión de sus programas y directrices, a través de la Cámara Interministerial de Agroecología y Producción Orgánica (CIAPO).
En 2019, a través del Decreto 9.759, tanto la CNAPO como la CIAPO fueron extinguidas, lo que inviabilizó la política de promoción de la agroecología más reconocida en América Latina. Programas relevantes desarrollados en el ámbito de la PNAPO fueron debilitados o totalmente desmantelados, como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), que sufrió una reducción de presupuesto del orden del 80%, y el Programa de Fortalecimiento y Ampliación de las Redes de Agroecología, Extractivismo y Producción Orgánica - Programa ECOFORTE, cuya última edición había finalizado en 2019 y no fue renovada. Solo en 2023, durante el primer año del tercer mandato del Presidente Lula da Silva, la CNAPO y la CIAPO fueron restablecidas, revitalizando la PNAPO.
Además de la formulación de políticas públicas, algunas iniciativas de gran importancia se han desarrollado en el país, en el sentido de dar mayor visibilidad a las experiencias exitosas de la producción agrícola sustentada por los principios de la agroecología, como los Congresos Brasileños de Agroecología (CBA). Con ediciones que se celebran desde 2003, el último CBA (12ª edición) se realizó en noviembre de 2023, el cual fue un periodo de reanudación de grandes eventos presenciales tras la pandemia y, a su vez, un momento histórico de reconstrucción de políticas garantes de los derechos humanos más básicos en el país. Reunió cerca de diez mil personas, incluidos investigadores, docentes, técnicos, estudiantes, agricultores familiares, pueblos y comunidades tradicionales, activistas de movimientos sociales y representantes de más de 20 países de las Américas, África y Europa.
La 12ª edición del CBA también representó un marco en la reanudación de programas importantes dedicados a la promoción de la agroecología en el país, como fue el anuncio durante la ceremonia de apertura, de la reactivación del Programa ECOFORTE. Los Ecos del XII CBA resuenan hasta hoy y sirven de inspiración para articular instancias del gobierno y organizaciones de la sociedad civil en torno a estrategias y programas. Un ejemplo es la articulación en torno a la inclusión del Programa Nacional de Reducción de Agrotóxicos (PRONARA) en el Plan Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (PLANAPO), todo ello velando por la promoción de modelos más sostenibles de desarrollo, uso de la tierra y producción de alimentos.
Consideraciones finales
Durante los últimos años, hemos observado retrocesos significativos en diversas políticas públicas en América Latina, especialmente aquellas dedicadas a la reducción de las desigualdades y la promoción de la ciudadanía. En Brasil, país que durante más de una década fue referente mundial en el combate contra el hambre, pudimos observar el desmantelamiento de programas diseñados para la superación de la inseguridad alimentaria y, como consecuencia directa, el regreso del país al mapa del hambre.
Al mismo tiempo, se evidencian las consecuencias de los procesos insostenibles de desarrollo económico sobre el clima y los sistemas naturales en la región. El aumento de la frecuencia de eventos climáticos extremos, la desertificación de extensas porciones de territorio latinoamericano, la pérdida de la biodiversidad y el calentamiento global, entre otros fenómenos, no solo profundiza la crisis alimentaria, sino que conlleva a nuevos desafíos para la Salud Pública regional, impactando directa e indirectamente las políticas, programas y sistemas de salud latinoamericanos.
En un contexto de disputa entre visiones de mundo y de procesos de desarrollo, la agroecología se presenta como una estrategia viable que garantiza los derechos fundamentales, tales como el acceso a la tierra y a la alimentación, para todos los individuos, independientemente de su raza, color, etnia, género, escolaridad o lugar de residencia. Esta es una estrategia que debe fortalecerse permanentemente, partiendo de un proceso permanente de diálogo y de convergencia en torno a proyectos de desarrollo justos y sostenibles, donde los intereses colectivos posean prioridad sobre los intereses privados.
Con el restablecimiento de los proyectos progresistas de gobierno en diferentes países de la región, incluyendo a Brasil, se recupera la esperanza y se refuerzan las perspectivas de organización de políticas y acciones orientadas a afrontar las crisis climáticas y alimentarias, así como sus consecuencias sobre la Salud Pública regional. En este sentido, la oportunidad de organizar esta discusión sirve como un llamamiento a las instituciones académicas del campo de la Salud Pública, a los movimientos sociales del campo, las aguas, las florestas y las ciudades, a los representantes del control social y a la población en general. Un llamamiento a la responsabilidad que nos atañe en este momento histórico, en cuanto a la garantía de los derechos y un sistema alimentario justo y sostenible.
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